La exposición expandida

Un proyecto experimental de comisariado colectivo

La ciudad

Una ciudad no es, como algunos piensan, una simple acumulación de edificios o un determinado número de población, sino que requiere algo más: unas costumbres y cultura compartidas, una estructura económica y política sobre la que sustentarse y lugares donde establecer relaciones sociales y crear intereses colectivos. La ciudad es nuestra manera de relacionarnos con nuestro entorno más inmediato pero también con el más lejano, porque la ciudad en la que vivimos determina nuestra manera de ver y percibir el mundo que nos rodea. Nosotros somos la ciudad y nosotros la diseñamos, la definimos, la construimos y la destruimos diariamente. Por esto, a lo largo de la historia y de las diferentes civilizaciones y culturas han surgido diferentes modelos de ciudad que, en ocasiones, y especialmente en el ámbito europeo, pueden convivir actualmente en una sola mostrando las diferentes capas de su historia porque las ciudades crecen y evolucionan, como si de seres vivos se trataran, para adaptarse a las nuevas necesidades de sus habitantes.

La sociedad actual en la que vivimos es fundamentalmente urbana. Durante los últimos años y a una velocidad casi de vértigo se ha producido un masivo abandono de la población rural a las grandes ciudades, que se han convertido de esta manera en el motor económico, social y cultural del mundo. En ocasiones no somos conscientes de la profundidad de este cambio y de todo lo que conlleva y significa. Es necesario que, hoy más que nunca, cuando el modelo de ciudad industrial empieza a estar obsoleto, reflexionemos, definamos y repensemos el modelo de ciudad que queremos para el presente y el futuro, un modelo que según las últimas tendencias urbanísticas debería basarse en la cultura, la innovación, el desarrollo sostenible y, sobre todo, en las personas que la habitan.

 Decía Fernando Chueca Goitia en su Breve Historia del Urbanismo, publicada por Alianza Editorial en 1968, que “una ciudad se puede estudiar desde infinitos ángulos”.  Los cinco que proponemos desde esta exposición expandida quizás no sean los más importantes, pero sí son una pequeña muestra.

La ciudad como espacio social, por Águeda Beatriz Esteban

Tal y como comentábamos ya en la introducción de la exposición, la ciudad es además un espacio social, un lugar donde relacionarnos, donde vivir en el sentido más amplio de la palabra. Un lugar que habitar, donde conocer, sentir y crecer. La ciudad como núcleo de nuestra sociedad, centro de la vida de las personas que la componemos. Nuestra vida, nuestra forma de ser, se influencia de esa ciudad, de su gente, de su ambiente. Es la composición física de estos espacios sociales ya sea hacia el exterior como las propias calles, plazas, parques y lugares de recreo y encuentro, rincones donde numerosas historias anónimas suceden a cada momento, como hacia el interior en las casas que esconden la vida privada de cada uno de nosotros frente a la frenética vida en la calle, una vida privada en la que creamos nuestra pequeña sociedad, nuestra pequeña y propia ciudad.

Esta importancia social no ha pasado desapercibida por los artistas, que bien fijándose en el bullicio de la vida o bien en la ausencia de él, destacan sus rincones, su gente,  haciéndoles protagonistas de sus obras.

La arquitectura, por Semíramis González

La arquitectura es el elemento más evidente de la ciudad. Conforma su espacio, genera vida y construye en torno a sí todo el entramado cívico de la misma.

Ya desde la Antigüedad se utilizaba la arquitectura como elemento protector de los habitantes, como esqueleto de una red común que, uniendo los distintos edificios daría lugar a lo que hoy entendemos como ciudad.

La ciudad es un hábitat social que se concibe como unificador de los distintos elementos que la componen: edificios públicos, privados, religiosos… Es decir, la arquitectura como eje ordenador de la urbe.

Teniendo en cuenta que las construcciones que conforman una ciudad son decisivas a la hora de entender esta, se ha conjugado aquí la fotografía de distintos espacios tratando de mostrar una cara más personal de los edificios. En esta exposición se quiere enseñar al espectador otra forma de acercarse a la ciudad: desde la reflexión en torno a la arquitectura.

El patrimonio, por Nati Guil Grund

Arte urbano, por Montaña Hurtado Muñoz

Espacios abandonados, por Pilar Delgado

Una ciudad no sólo se compone de edicificios administrativos, plazas, monumentos y viviendas. Dentro de las ciudades existen también una serie de lugares abandonados y silenciados por el tiempo. Espacios sin dueño reflejados a través de una serie de obras que tienen en común el reflejo del abandono, desde una mezquita o una fábrica pasando por lo que un día fueron viviendas habitadas. La disciplina que más ha tratado este aspecto de las ciudades es el campo de la fotografía, llegando a generar en Estados Unidos la corriente ‘urbex’. Una corriente que alude a la exploración urbana y que tiene como ejes principales el disfrute del espacio vacio dejado por el abandono y la sensación de peligro entrando en lugares prohibidos, y como regla, sacar sólo fotografías sin dejar más rastro que las propias pisadas.

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